Mónica Sánchez: “No soy una máquina perfecta y no quiero que piensen eso”



Mónica Sánchez.

 
La popular ‘Charito’ de ‘Al fondo hay sitio’, responde a Maritza Espinoza varias preguntas sobre su vida. También habló de ‘platanazo’ (Christian Thorsen), su pareja en la ficción. (Larepublica.pe)

Hay algo de raro en esto de hablar con ella justo cuando está vestida de “Charito”. Pero el vestidito de percal desaparece cuando asoma la mujer de carácter que se ríe de quienes ponen en duda la autenticidad de sus gestos.

¿La popularidad de tu personaje ayuda en tu trabajo con Unicef?

De hecho, mi presencia se vuelve más potente, mi voz  se escucha más. Ser personaje público te da la posibilidad de ser un puente, que se te oiga más que a los demás para bien o mal.

¿Qué haces en Unicef?

Viajar a las zonas del friaje, ver qué es lo que se necesita y ayudar. Ponerle emoción, una mirada no sólo desde la estadística. De ahí mi rol de sumar, ir, mirar, respirar el lugar de los hechos.

¿Qué es lo más fuerte que has visto en el lugar de los hechos?

Llegar a un sitio de absoluto olvido y ver a un niño solo y en su cara la tremenda ilusión de que algo va a pasar y que va a ser bueno.    

Se te conoce como mujer de izquierdas, pero ¿cómo empezó a sensibilizarte el tema de la infancia?

Al ser madre. Y porque en la infancia, en casa, está tu primer gran ejercicio de pertenencia, de valores, de ser solidario. Ahí es cuando la información se instala en tu disco duro.  

¿Y cómo se formó tu disco duro?

Pucha, tengo cinco hermanos mayores. He sido una niñita que ha crecido escuchando  discusiones muy apasionadas en la sobremesa…  Crecí respirando la adrenalina de la política.

Pero eres tan tranquila, tan zen…  

Ha habido situaciones que no. Estaba embarazada de ocho meses y entraron a mi casa a robar. Agarré un cuchillo y rompí una puerta porque necesitaba encontrar a los ladrones… 

Cuando lavabas la bandera, siempre se te veían tan tranqui…

Justamente la lavé porque ese acto simbólico empataba con mi manera de ver el mundo. Hermoso que te indignes, pero si sólo te indignas, por ahí que buscas un culpable, te cruzas de brazos y te frustras. Mi mirar hacia las cosas siempre ha sido buscar posibilidades de construirlas si no existen.  De decir: okey, ¿dónde empezamos?   

¿Y cómo empiezas?

Hace un tiempo, empecé a entender por qué actúo: porque soy un ser humano, porque me gusta ponerme en   sus zapatos, sus luces, sus sombras…

¿Por eso haces lo del coaching?

Sí. Había un impulso interno de querer servir a los demás y no sabía dónde ponerlo.  He vivido un proceso en lo personal que a mí me ha sumado y liberado de un montón de cosas.

¿De qué cosas, por ejemplo?

De una mochila pesadísima, que era el sentirme insuficiente, la sensación de que había tanto por hacer que cualquier cosa que hiciera, no alcanzaba.  Lo que pasa es que tenía un complejo de heroína,  ¡a luchar por la justicia! 

Hay gente que pone en duda que esa actitud tuya sea auténtica…  

Si tú no sabes lo que es la felicidad, probablemente te cueste creerle al otro. Pero puedo ser intransigente. No soy una máquina perfecta ni pretendo que piensen eso de mí.   

¿No será el peso de tu personaje de “Charito”, la mujer dulcecita?

Siempre he sido juzgada. Estoy acostumbrada a que me digan ¿y quién se cree esta? ¿Por qué opina? Pero ya aprendí a estar por encima de las cosas que a los veinte me ponían loca.  

Me sorprendió que asumieras un rol como el de “Charito”.

A mí también, horrores. Vengo de hacer heroínas, de vivir la pasión desgarrada. Acá me quitaron el piso, me pusieron en un universo distinto. 

“Charito” es tu antítesis, ¿no?     

Claro, yo no soy así.  Yo soy una mujer contemporánea, que trabaja, que provee. A veces más masculina que femenina. Soy más resolutiva y de repente me he encontrado con hombres más femeninos.  

¿Quién se enamoró primero, “Charito” de “Platanazo” o tú de Christian Thorsen?

Ay, no voy a hablar de mi vida. Pero la historia de Christian y mía es mucho más larga que la de “Charito” y “Platanazo”.  Nos conocemos hace quince años. Ellos recién llegan…

La ilusión de la gente es esa: nuestra Liz Taylor y nuestro Richard Burton enamorándose en el set.

Nosotros tenemos un cariño enorme desde mucho antes. Y hay gente con la que te vas a acompañar toda la vida y no entiendo por qué si te separas de alguien, no puede seguirte acompañando el resto de tu vida, siempre y cuando hayas amado.

Y hablando de amor, ¿estás feliz en ese plano?

Estoy tranquilísima.  Sí, sí  (risas). Lo que te puedo decir de Christian es que es alguien a quien adoro, aprecio enormemente.  

No necesitas decirme nada más.  Te brillan los ojos…

¿Por qué decirte sí o no? Y eso va a durar toda la vida.  Eso lo sabemos, pase lo que pase.        ❧

LA FICHA

Me llamo Mónica Mariel Sánchez Cuadros.

Nací en Lima, hace 42 años.

Mis padres eran militantes de Izquierda Unida de los 80, de Barrantes.

Crecí respirando la adrenalina de la política.

Hago coaching ontológico para ayudar a las personas a encontrarse. También soy imagen de la campaña Buena Onda, de Unicef, que va hasta el 21 de julio.

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