“Si quieres ser millonario, no seas actor”

“La vida me ha enseñado a vivir sin expectativas”, dice Marco Zunino, quien protagonizó Chicago en Broadway. Acaba de lanzar su tema Me hace falta amar.

(Rochi León)

Después de protagonizar Chicago en Broadway, Marco Zunino acaba de lanzar Me hace falta amar. La canción ya suena en Studio 92, puede verse en You Tube y comprarse en i-Tunes. Mientras tanto, leamos lo que nos cuenta de su vida.

¿Es verdad que por el boom de realitys los actores peruanos tienen poco trabajo?
Es verdad. Pero el mercado peruano siempre ha sido así. Tengo 35 años, estoy en este negocio desde los 14 (empezó en Nubeluz). Cuando empecé solo se hacía una novela, máximo dos; después apareció Iguana (la productora de Luis Llosa) y, más tarde, América Producciones y la productora de Michel Gómez y, de pronto, teníamos muchas novelas y apareció una nueva generación de actores; pero todo se fue al diablo. Esta es la constante de la producción nacional. Los canales de TV siempre optarán por lo que les sale más barato, y si eso es un reality, pues dejarán atrás a la ficción. Y, lo peor, es que no generamos mercado: una película peruana (La teta asustada) ganó el Oso de Oro en Berlín y fue nominada al Oscar, otra ganó Sundance (Contracorriente), y otra (Octubre) fue premiada en Cannes, pero no pasó nada, al Gobierno le interesó tres pepinos y se hizo una ley que no funcionó.

¿Qué hace un actor en estas circunstancias?
Preguntarse si quiere ser actor o no. En Broadway escuchaba a los actores quejarse porque tenían ocho funciones a la semana. Yo les decía: en el Perú hacemos novela, comercial, locución, eventos y, en la noche, teatro, y en la madrugada ensayamos la que viene. Aquí, para ser actor, hay que hacer de todo.

Si esto te pasa a ti, que has estado en Broadway, ¿cómo están los demás?
Estoy esperando que la mala racha me llegue pronto (ríe). Ya me ha pasado antes, y lo tomé como una etapa natural de mi oficio; siempre he encontrado la manera de darle la vuelta. En el Perú no hay galanes. Tenemos a Christian Meier, pero él se tuvo que ir porque acá no le podían pagar; o Salvador del Solar, quien está en Colombia porque allá sí hay continuidad en el trabajo.

¿Por qué persistes en el oficio?
Porque con los años descubrí que esto me hacía feliz. Ser millonario es un objetivo válido, pero si quieres serlo no te dediques a la actuación.

Tu llegada a Broadway fue toda una sorpresa…
Incluso para mí. Yo estudié en Nueva York y cuando volví al Perú me decía: “Te imaginas lo que sería volver a Nueva York, pero esta vez a chambear de actor, jajaja, eso nunca va a pasar”. Y pasó. Mi siguiente objetivo debería ser volver a trabajar allí, pero, qué flojera. Si se da, bacán, sino, ni modo. Yo le doy el mismo valor a mi experiencia en Broadway y a mi rol en Cabaret. Y también le tengo el mismo cariño a Bailando por un sueño, pues significó romper una barrera de inseguridades y de miedo al ridículo. Y no sigo en Nueva York porque Chicago cambia su protagonista cada ocho semanas. Su objetivo al contratarme fue atraer público latino y les funcionó. Además, para conseguir cosas hay que estar allá. El 2013 no lo tengo tan comprometido porque intentaré volver.

¿Volver a Al fondo al sitio no fue un retroceso?
No. Imagínate si mi posición fuera: “Cholito, ya llegué a Broadway. De acá en adelante solo voy a hacer novelas que vayan a las 9 p.m., y solo haré protagónicos. Y en los musicales, que obviamente protagonizaré, que mi nombre salga grande y encima del título porque así lo hacían en Broadway”. Imagina eso, sería insoportable y nadie me lo aguantaría (risas). Yo soy un actor, y un actor peruano. Tengo que trabajar para mantenerme, porque esta es mi realidad: en Broadway hasta me alcanzaban las medias y los calzoncillos; acá mi camerino tenía todo tirado, hecho una mierda (risas).

¿Esto no te frustra?
Para nada. La vida me ha enseñado a vivir sin expectativas. Lo único que yo quiero es trabajar y vivir de la actuación, seguir haciendo cosas que me hagan crecer; claro, también me provoca hacer cosas fáciles y ganar un montón de plata, pero esa no es mi realidad, hay que chambear (risas).

Hay una necesidad de los peruanos por triunfar. Por eso, por ejemplo, sentimos el Nobel de Vargas Llosa como nuestro. Lo mismo pasó con tu ingreso a Broadway.
Parecía que todo el Perú hubiese llegado a Broadway (ríe). Es un orgullo, una alegría inmensa, pero encierra una gran responsabilidad. Pero yo lo único que quería era trabajar. Sin embargo, debemos alegrarnos por nuestros logros, pues aunque nos parezcan pequeños no lo son: tan importante como mi llegada a Broadway es que una señora de un AA.HH. haga profesionales a sus hijos.

¿Eres un actor que canta?
De chibolo quería hacer de todo: hacer ópera, cantar para 30 mil personas, protagonizar novelas y estar en Hollywood; pero luego te enfocas. Lo importante es trabajar. Me gusta cantar, componer y, hoy, como tenía esta canción, me dije “por qué no”. Me hice amigo del mánager de Ricky Martin. Él me dijo: “Ya nadie ficha a nadie, ya nadie saca discos. Mi recomendación es que hagas singles y los lances cada tres meses. Si esto funciona, poco a poco irás ganando espacio”. Y eso es lo que estoy haciendo, pero sin ninguna expectativa. Haré todo lo que tenga que hacer para que esto funcione: si tiene miles de visitantes en You Tube, feliz; si suena en todo el mundo y se vuelve el siguiente Baile del caballo, igual (risas), pero será siempre algo paralelo, no detendré mi carrera de actor.

Has logrado entrar a la radio, algo que pocos logran…
El nuevo gerente de Studio 92 es un chileno, y él me dice que es increíble que la música peruana no suene en nuestras radios. Él quiere cambiar eso, algo genial. Es el colmo que un extranjero venga y nos diga esto. Las radios no pasan Gian Marco, Bareto, La Sarita. ¡Qué nos pasa, qué se creen las radios! Hay una mafia: yo conozco gente que han pagado por entrar a la radio y, al final, ni siquiera pasaron sus canciones. Por eso no hemos podido crear un mercado musical.

AUTOFICHA

– Con Chiclayo, la parodia de Chicago que hicieron en Al fondo hay sitio, me cagué de risa. Hay que divertirse. Es más, en la calle me gritan Chiclayo y no Chicago (risas).

– Llegar al teatro en Broadway, que me abriesen la puerta, ser tratado con cariño, salir al escenario y hacer mi chamba fue lo que más disfruté.

– Haber estado en Broadway me ha abierto muchas puertas. Yo pensaba volver a Al fondo hay sitio y seguir mi chamba. Hoy productores de NY me trata con familiaridad.

Autor: Gonzalo Pajares
peru21.com, foto(Rochi León)

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