Bruno Odar: “Me costó decirle sí a Al fondo hay sitio”

El famoso ‘Luchito’ de Al fondo hay sitio también dirige teatro. Véalo en esta faceta en Romeo & Julieta, clásico de Shakespeare que Odar ha trasladado al conflicto Palestino. Va en el Convento de San Francisco (lima).

Foto: César Fajardo.
Bruno Odar no solo es uno de nuestros grandes actores (compruébelo viendo Octubre, la película de los hermanos Vega que ganó un premio en Cannes) sino también un experimentado formador de actores y un esmerado director de teatro. Estos días dirige una particular versión de Romeo & Julieta, de Shakespeare. Véala en el Convento de San Francisco (cruce de Lampa con Áncash, Lima). Actúan: Yvonne Frayssinet, Jesús Neyra, Carlos Cano, Andrea Luna y el propio Bruno. Entradas: 20 y 45 soles (Teleticket).

Eres un formador de actores…
Es una tarea placentera, pero yo, más que formar, entreno actores; hago que florezcan, que multipliquen su talento, es decir, les saco las capas que impiden que produzcan, crezcan. El actor tiene capas positivas y negativas. Hay algunas, las negativas, que no quiere tocar, pero estas deben salir a flote para ser usadas como herramientas de trabajo. Y también hay problemas de autoestima, y en ello pongo énfasis, porque yo pasé por esa etapa. De joven era muy tímido pero, a través de la actuación, fui elevando mi autoestima.

¿Ahora hay menos prejuicios frente a la actuación?
Vivimos otra época. Empecé en los 80, cuando no se creía que un actor podía vivir dignamente de su trabajo. Hoy los padres están más abiertos a la cultura, al arte. Ahora, te soy sincero, la mayoría de chicos que estudian teatro lo hacen después de haber hecho una profesión, cuando pueden pagarse sus clases.

¿Tú quisiste ser algo distinto a actor?
No. La gente me preguntaba qué estudiaba, yo decía “actuación”, y me respondía: “¿Y qué más? (risas)”. Incluso hoy se piensa así, algunos creen que ser actor, músico, pintor o poeta es una tarea informal, no saben que esto es muy sacrificado, que no se trata de un hueveo. Para empezar, somos comunicadores. El teatro, al ser en vivo, tiene una gran fuerza de cara al público; para empezar, eleva el espíritu.

¿Hombre de teatro como eres, te sientes bien en la tele?
Para serte sincero, me costó decirle sí a Al fondo hay sitio. Hacía diez años que había dejado la televisión; me peleé con ella porque las condiciones que nos ofrecían a los actores eran pésimas: no nos pagaban, no nos daban vestuario, nos citaban a una hora y no grabábamos sino varias horas después, etcétera. Pero justo después del estreno de Octubre, una película que es una gran obra de arte, y del premio que recibió en Cannes, me llamó Efraín Aguilar, quien me trató con muchísimo respeto, algo que me extrañó porque esas no eran las formas de la televisión. “Bruno, conozco tu calidad como actor, y no sé si te gustaría estar en Al fondo hay sitio. Piénsalo”, me dijo.

¿Entonces pasaste del ‘arte’ de Octubre al ‘no arte’ de Al fondo hay sitio?
(Ríe). ¿Tú que crees? Es un buen producto televisivo y, por eso, está durando años; la gente no es tonta y sabe cuando algo no es bueno. Y yo creo que sí, que es arte, porque somos artistas los que participamos en ella: actores, escritores, directores. Uno de sus méritos es hacer que la gente piense y se identifique con lo que allí pasa, pues las escenas que presenta y sus personajes son los que uno encuentra cotidianamente en la calle.

Esta ‘peruanidad’ es su mérito pero también puede ser su condena…
Quizás por eso no ha funcionado en algunos lugares, pero en países como Bolivia tiene un rating bastante alto.

En la serie eres un conquistador, te dicen “maestro”…
Soy un ídolo, pero también soy un pisado. Es bien interesante lo que pasa en nuestra sociedad: mi personaje tiene sentimientos de culpa por lo que hace, pero en la calle la gente me dice “maestro”, “peluchito”, “atraca con la monsefuana”, es decir, no quiere ver el sentimiento de culpa del ‘Luchito’; por eso, es absurdo que se aplauda que haya tenido dos familias. Lo bacán es que empecé con un papel dramático, luego fui el infiel y ahora soy el pisado, el hombre culpable que se aferra a su esposa… quien lo trata pésimo.

En la serie abunda la infidelidad…
Todos son infieles, ninguno se salva, ni las mujeres. Por ejemplo, ‘Charito’ es infiel con el pensamiento: se iba a casar con ‘Luchito’ pero pensaba en el ‘Platanazo’. Los escritores lo saben, la infidelidad aumenta el rating (risas). ¿Quién no se ha visto tentado por la infidelidad?

¿Tú también?
Yo no (ríe). Y no he sido infiel. Un matrimonio no es fácil, pero yo trato de ser comedido y lo cuido, de mantener viva la llama, más aún porque tengo hijos. Yo estoy en las antípodas de ‘Luchito’, aunque todos los actores le ponemos algo de nosotros a nuestros personajes.

El teatro prestigia pero no da fama; la tele, sí. ¿Prefieres el prestigio o la fama?
El prestigio. Además, no me creo eso de la fama. Yo le agradezco a la gente su cariño, me esfuerzo por ser amable, pero, lo siento, no estoy siempre a su disposición; no me siento un divo, pero quiero que se me respete como ser humano.

AUTOFICHA

– Algunos creen que ser actor, músico, pintor o poeta es una tarea informal, secundaria, no saben que esto es muy sacrificado, que no se trata de un hueveo.

– Me peleé con la tele porque las condiciones que nos ofrecían a los actores eran pésimas: no nos pagaban, no nos daban vestuario.

– Uno de los méritos de Al fondo hay sitio es hacer que la gente piense y se identifique con lo que allí pasa, pues sus personajes son los que uno encuentra en la calle. (Peru21.pe – Foto: César Fajardo. Autor: Gonzalo Pajares.)

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